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viernes, 9 de noviembre de 2012
miércoles, 8 de febrero de 2012
miércoles, 21 de diciembre de 2011
viernes, 15 de abril de 2011
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jueves, 12 de noviembre de 2009
viernes, 18 de septiembre de 2009
viernes, 11 de septiembre de 2009
UN TOQUE DE HUMOR: JA! JA! JA! JA!
Un perro muy bendecidoPadre - le dice una señora al párroco - , yo amo a mi perro.Es parte de mi familia. Quiero pedirle encarecidamente que lo bautice....
- Pero el bautismo es sólo para las personas - responde el párroco - , sorprendido.
Pero la mujer insiste.
- Si Ud. me hace ese favor, le daré 500 u$s para su parroquia. :-Y
- Bueno - se ablanda el sacerdote - , no es lo correcto, pero podemos hacer una excepción.
Acto seguido bautiza a la mascota .
Días mas tarde, intranquilo con su conciencia, va a hablar con el obispo:
- La señora insistió tanto, que bauticé al perro y recibí los 500 u$s ¿ Hice bien o hice mal ?
- Hizo usted muy bien hijo - contestó el obispo - ; pero no olvide que la confirmación la hace el obispo. :-D
viernes, 4 de septiembre de 2009
viernes, 21 de agosto de 2009
miércoles, 19 de agosto de 2009
sábado, 15 de agosto de 2009
domingo, 9 de agosto de 2009
EVANGELIO DEL DIA

Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna.
Jn 6,68
domingo 09 Agosto 2009
Decimonoveno Domingo del Tiempo OrdinarioHoy la Iglesia celebra : Santa Otilia, Santa Edith Stein
domingo 09 Agosto 2009
Decimonoveno Domingo del Tiempo OrdinarioHoy la Iglesia celebra : Santa Otilia, Santa Edith Stein
Ver el comentario abajo, o clic en el tituloSan Cirilo de Alejandría : «El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo»
Evangelio según San Juan 6,41-51.
Los judíos murmuraban de él, porque había dicho: "Yo soy el pan bajado del cielo". Y decían: "¿Acaso este no es Jesús, el hijo de José? Nosotros conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo puede decir ahora: 'Yo he bajado del cielo'?" Jesús tomó la palabra y les dijo: "No murmuren entre ustedes. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en el libro de los Profetas: Todos serán instruidos por Dios. Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí. Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo él ha visto al Padre. Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna. Yo soy el pan de Vida. Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron. Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera. Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo". Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios. Leer el comentario del Evangelio por : San Cirilo de Alejandría (380-444), obispo y doctor de la Iglesia Comentario al evangelio de Lucas, 22
«El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo» ¿Cómo podía ser que el hombre que permanecía sujeto a la tierra y sometido a la muerte, pudiera tener de nuevo acceso a la inmortalidad? Era necesario que su carne se hiciera partícipe del poder vivificante que reside en Dios. Ahora bien, el poder vivificante de Dios Padre, es su Palabra, es el Hijo Único; es él el que nos ha enviado como Salvador y Redentor... Si echas un pedazo pequeño de pan en aceite o en agua o en vino, rápidamente se va a impregnar de sus propiedades. Si pones el hierro en contacto con el fuego, muy pronto estará lleno de su energía y, a pesar de nos ser fuego por naturaleza, pronto aparecerá semejante al fuego. Así pues, el Verbo vivificante de Dios al unirse a la carne que él se apropió, la convirtió en vivificante. En efecto, él dijo: «El que cree en mí tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida ». Y dijo más todavía: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo. Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros». Así pues, comiendo la carne de Cristo, el Salvador de todos, y bebiendo su sangre, tenemos la vida en nosotros y llegamos a ser uno con él, permanecemos en él y él en nosotros. Era necesario que viniera a nosotros de la manera propia de Dios, por el Espíritu Santo y que, en cierta manera, se mezcle con nuestros cuerpos a través de su santa carne y su sangre preciosa que, en el pan y el vino, recibimos como bendición vivificante... En efecto..., Dios manifestó su gran condescendencia hacia nuestra debilidad y puso en los elementos del pan y del vino toda la fuerza de su vida y éstos llevan en sí toda la energía de su propia vida. No dudes, pues, en creerlo puesto que el mismo Señor ha dicho claramente: «Esto es mi cuerpo» y «Esta es mi sangre».
«El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo» ¿Cómo podía ser que el hombre que permanecía sujeto a la tierra y sometido a la muerte, pudiera tener de nuevo acceso a la inmortalidad? Era necesario que su carne se hiciera partícipe del poder vivificante que reside en Dios. Ahora bien, el poder vivificante de Dios Padre, es su Palabra, es el Hijo Único; es él el que nos ha enviado como Salvador y Redentor... Si echas un pedazo pequeño de pan en aceite o en agua o en vino, rápidamente se va a impregnar de sus propiedades. Si pones el hierro en contacto con el fuego, muy pronto estará lleno de su energía y, a pesar de nos ser fuego por naturaleza, pronto aparecerá semejante al fuego. Así pues, el Verbo vivificante de Dios al unirse a la carne que él se apropió, la convirtió en vivificante. En efecto, él dijo: «El que cree en mí tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida ». Y dijo más todavía: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo. Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros». Así pues, comiendo la carne de Cristo, el Salvador de todos, y bebiendo su sangre, tenemos la vida en nosotros y llegamos a ser uno con él, permanecemos en él y él en nosotros. Era necesario que viniera a nosotros de la manera propia de Dios, por el Espíritu Santo y que, en cierta manera, se mezcle con nuestros cuerpos a través de su santa carne y su sangre preciosa que, en el pan y el vino, recibimos como bendición vivificante... En efecto..., Dios manifestó su gran condescendencia hacia nuestra debilidad y puso en los elementos del pan y del vino toda la fuerza de su vida y éstos llevan en sí toda la energía de su propia vida. No dudes, pues, en creerlo puesto que el mismo Señor ha dicho claramente: «Esto es mi cuerpo» y «Esta es mi sangre».
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