sábado, 13 de febrero de 2010

DISFRUTA DE LA SIGUIENTE PRÈDICA


¡Buenos días! Estoy aquí entre ustedes porque quiero hablarles de un grandísimo don, que viene del Corazón de Jesús: la adoración eucarística perpetua.
Cuando el Santísimo es expuesto para la adoración de los fieles día y noche y todos los días del año, entonces tenemos adoración perpetua. Es decir cuando hay una capilla, oratorio o iglesia que esté siempre abierta para cualquier persona que lo desee pueda acercarse al Señor a cualquier hora del día o de la noche.

Hoy, queridos amigos, el mundo está más corrupto que Sodoma y Gomorra. ¿Cuántos justos se necesitan para salvarlo?
Minian es la palabra que en hebreo designa a diez almas buenas, es decir al número de justos que Abraham le sugirió a Dios en su gran intercesión por Sodoma.
Saben que aún hoy en Israel no se puede demoler una sinagoga si en ella hay diez judíos píos que aseguren la oración.
¿Cuántos justos necesitamos para salvar al mundo?

El hombre que reza con el corazón se salva a sí mismo y salva a otros porque toca el corazón de Dios y alcanza su misericordia. Porque recuerda en la fe que Cristo es el único Salvador del hombre.
El hombre o la mujer que se postra en adoración es sabio y grande porque se hace pequeño y pobre ante Dios y reconoce que Dios es el Omnipotente y todo lo puede cambiar. Como hemos cantado en el salmo: “el pobre invoca a Dios y Él lo escucha”.
Una fraternidad que adora Dios sin solución de continuidad, que lo hace día y noche salva a su ciudad. La adoración perpetua extendida a todas las regiones y países salvará al mundo.
La adoradora y el adorador son aquellos que reparan con su adoración. Reparan el mal que existe en el mundo. Reparan por todos los ultrajes, indiferencias y sacrilegios que se cometen contra Dios.
¡Cuánta necesidad tenemos de reparación! Recuerden a los pastorcitos de Fátima, cómo reparaban ante el Santísimo Sacramento que les presentaba el ángel. Esos niños salvaron a Portugal de la guerra.

Una capilla de adoración perpetua es una capilla de la misericordia de Dios. Es el lugar sagrado donde yo, como adorador, puedo ofrecer un bellísimo y gran testimonio de mi fe y de mi amor al Señor. Es el lugar desde donde, en mi silencio adorante, grito al mundo: Dios existe, Dios te ama, Dios está realmente aquí. Éste es el Emmanuel, el Dios con nosotros y por nosotros!

Una capilla o iglesia donde hay adoración perpetua al Santísimo es una escuela de oración, donde se aprende a rezar, a adorar. Por eso mismo es una escuela de crecimiento espiritual donde aprendo a ser pequeño y pobre y Dios me hace grande y rico.
Es el espacio donde encuentro paz (y esa paz permanece luego en mí) y protección, alegría e intimidad con el Señor que me llama a su amistad. Igual que Abraham.
Acabamos de escuchar la Palabra de Dios: “Abraham se le acercó y le dijo”. Abraham era amigo de Dios, podía acercarse a Él y Dios lo escuchaba. ¿Comprenden amigos? Cuando Dios está contigo tú lo tienes todo.

Una capilla donde se adora a Dios en continuidad es una escuela de silencio. Cuando se alcanza el silencio interior (y esto se consigue en la adoración perpetua) se escucha la Palabra de Dios, se escucha a Dios que habla a nuestro corazón. Por ello, la capilla se vuelve escuela de escucha y de Palabra, porque la escucha se vuelve Palabra, Presencia viva que escuchamos y adoramos. Palabra que sana y que salva.
Es el lugar donde descubro el secreto de la Presencia real, verdadera de Dios.

Queridos hermanos, la adoración perpetua es un don grandísimo que el Señor quiere hacerles. ¿Estamos dispuestos a acoger este don?
Escuchen su invitación: “Vengan a Mí, ustedes que están agobiados y fatigados que Yo los aliviaré”.
Escuchen cómo nos llama a su intimidad: “Estoy a la puerta y llamo, si alguien escucha mi voz y me abre, yo entraré y cenaré con él y él conmigo”
Escuchen cómo nos habla su Corazón herido, que busca nuestra respuesta de amor. Cómo nos llama a la hora santa: “Es que no han sido capaces de velar conmigo ni siquiera una hora”.
Porque es justamente esto lo que se pide para tener la adoración perpetua: que cada uno se haga disponible una hora a la semana, para estar con Él verdaderamente presente en el Santísimo Sacramento. Tan sólo una hora semanal!

Ahora se distribuirán las invitaciones para que se puedan inscribir. Permítanme que les dé un ejemplo acerca de este pedido de una hora semanal. Cada uno elige la hora y el día que desee. Lo maravilloso de la adoración perpetua es que todas las horas y todos los días están disponibles, por lo que es fácil encontrar el momento, la hora semanal. Digamos que yo elijo el martes a las 4 de la tarde. Pues, todos los martes, desde las 4 a las 5 será mi cita con el Señor en la capilla de ….
Como ahora es muy difícil que sepan cuál es la hora y el día precisos (quien lo sepa póngalo) verán que en el segundo punto de la invitación hemos dividido el día en cuatro turnos o fajas horarias de seis horas cada uno. Así aparecen mañana, tarde, noche y madrugada. Es para que indiquen en cuál faja o turno sería esa hora semanal. Si ni siquiera eso tienen claro ahora, déjenlo en blanco. De todos modos tenemos que ponernos en contacto con ustedes para confirmar luego día y hora.
El primer punto es precisamente el de vuestros datos: nombre y apellido, teléfonos, dirección.
El tercero se refiere a la coordinación. Para poner en marcha la adoración perpetua y luego para mantenerla en el tiempo necesitamos coordinadores que nos ayuden en la organización. Quien desee saber de qué se trata que marque ese tercer punto. Luego me pondré en contacto con la persona para explicarle con detalle de qué se trata y entonces decidirán si aceptan o no.
Empezaremos cuando todas las 168 horas que tiene la semana están cubiertas.
Una de las preguntas recurrentes es qué pasa cuando me ausento, cuando no puedo ir. Eso no es ningún problema. Imagínense que en todas partes sucede lo mismo y, sin embargo, hay iglesias o capillas que tienen la adoración perpetua desde hace 35 años. Hay mecanismos de sustitución que explicaremos antes de comenzar con la adoración. Ahora no puedo extenderme pero ya se explicará. Que eso no sea un obstáculo, porque no lo es.

En el evangelio de hoy los discípulos le piden al Señor: “Señor, enséñanos a orar”. Él les responde con ese modelo de oración que llamamos Padrenuestro. Y bien, en el Padrenuestro le decimos a Dios: “hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo”. La voluntad del Padre es justamente que el Hijo sea adorado y amado en la tierra como lo es en el cielo: sin interrupción, día y noche. Esto, que no podemos lograrlo individualmente, sí lo podemos alcanzar como comunidad, como fraternidad eucarística que se reúne alrededor del Santísimo en una cadena inquebrantable y continua de adoración.

Dijo el Señor: “busquen y encontrarán”. Busquen a Dios en el Santísimo Sacramento y encontrarán paz, alegría, bendiciones, protección.
¡Vengan a adorar a Dios! No dejen que la gracia pase de largo.

¡Alabado sea Jesucristo!
P. Justo Antonio Lofeudo mss

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